VO₂max y umbrales

Claudio Nieto

 

Medición, interpretación y aplicación práctica en el contexto actual

 

Comprender el consumo máximo de oxígeno (VO₂max) y los umbrales ventilatorios ha sido, por décadas, uno de los pilares en la evaluación del rendimiento humano y de la capacidad funcional. Sin embargo, su verdadero valor no reside únicamente en la obtención del dato, sino en cómo se mide, cómo se interpreta y cómo se comunica.

En este manuscrito se abordan tres aspectos fundamentales: qué mide realmente cada prueba, cómo se garantiza la calidad técnica de la evaluación, y cómo estos resultados pueden traducirse en decisiones prácticas y comprensibles en contextos deportivos y de salud. Asimismo, se destaca el rol de la tecnología actual para facilitar este proceso, desde la medición hasta la entrega de información útil al usuario final.

 

Qué mide cada prueba

Las pruebas de VO₂max permiten cuantificar la capacidad cardiorrespiratoria máxima del organismo, es decir, el límite superior de integración entre los sistemas respiratorio, cardiovascular y muscular durante el ejercicio intenso. Este valor representa el “techo fisiológico” del individuo, pero por sí solo no explica cómo esa capacidad se utiliza en la práctica cotidiana del entrenamiento o de la actividad física. 

Los umbrales ventilatorios (VT1 y VT2), en cambio, identifican puntos de transición metabólica que reflejan cambios en la forma en que el organismo produce energía. Estos umbrales delimitan rangos de intensidad que resultan especialmente útiles para la prescripción diaria del ejercicio, tanto en deportistas como en personas que entrenan por salud. En términos simples, mientras el VO₂max indica cuánto se puede hacer como máximo, los umbrales muestran a qué intensidades es sostenible, seguro y eficaz entrenar. 

 

Protocolos, equipamiento y criterios de calidad

 

La validez de una prueba de esfuerzo depende directamente de la calidad técnica del proceso completo, no solo del esfuerzo del evaluado.

Garantizar esta calidad implica tres elementos:

  • Protocolos adecuados.
  • Equipamiento validado.
  • Un proceso de trabajo estandarizado.

En primer lugar, el protocolo debe ser progresivo, escalonado y adaptado al nivel del sujeto, ya sea un deportista entrenado, una persona activa o un paciente en rehabilitación. Un protocolo mal elegido puede subestimar o sobreestimar la capacidad real del individuo, comprometiendo la utilidad del resultado.

En segundo lugar, el uso de equipos confiables y correctamente calibrados es fundamental. Sistemas modernos de calorimetría indirecta permiten medir con alta precisión el consumo de oxígeno, la ventilación y la eliminación de CO₂ durante el ejercicio, sin interferir con el movimiento. No obstante, la tecnología por sí sola no garantiza calidad si no existe un procedimiento riguroso de calibración, control y validación previa a cada evaluación.

Finalmente, la calidad técnica se asegura mediante criterios fisiológicos claros: la presencia de signos de esfuerzo máximo, la coherencia interna de las curvas ventilatorias y el uso de criterios combinados (fisiológicos y perceptivos) para identificar los umbrales. Este enfoque reduce la subjetividad y aumenta la reproducibilidad de la evaluación

 

Del dato a la decisión: cómo usar la información

 

Una vez obtenidos datos técnicamente válidos, el desafío principal es transformarlos en información útil. En deporte, por ejemplo, un VO₂max moderado acompañado de umbrales bien desarrollados puede indicar una buena eficiencia funcional, orientando el entrenamiento hacia la mejora de la capacidad específica más que hacia el aumento del máximo. En contraste, un VO₂max alto con umbrales bajos puede sugerir la necesidad de trabajar la tolerancia al esfuerzo sostenido. 

En contextos de salud, los umbrales ventilatorios permiten dosificar ejercicio seguro, evitando intensidades excesivas en personas con riesgo cardiometabólico. Aquí, la utilidad del dato no está en el número en sí, sino en su capacidad para guiar decisiones prudentes y personalizadas. 

Un aspecto frecuentemente subestimado es cómo se comunica la información. La explicación al deportista o paciente debe realizarse en lenguaje sencillo, utilizando analogías claras (por ejemplo, “zonas cómodas”, “zonas exigentes”) y evitando tecnicismos innecesarios. Del mismo modo, los informes deben ser intuitivos, visuales y orientados a la acción, destacando qué hacer con el resultado y no solo qué valor se obtuvo.

 

Integración tecnológica y aplicación práctica

 

La integración con software especializado permite visualizar en tiempo real las respuestas fisiológicas y analizar posteriormente la información de forma estructurada. Esto facilita no solo la toma de decisiones técnicas, sino también la educación del usuario, que puede comprender mejor su propio funcionamiento fisiológico.

Además, el seguimiento longitudinal de los datos permite evaluar progresiones, detectar estancamientos y ajustar programas de entrenamiento o rehabilitación de forma dinámica. En este sentido, la tecnología actúa como un puente entre la medición avanzada y la aplicación práctica, siempre que esté al servicio de una interpretación clínica y deportiva responsable.

Finalmente, una evaluación de VO₂max y umbrales solo alcanza su verdadero valor cuando cumple tres condiciones: calidad técnica en la medición, interpretación contextualizada y comunicación clara orientada a la toma de decisiones. Solo así estos datos se transforman en herramientas efectivas para mejorar el rendimiento, la salud y la adherencia al ejercicio.

 

Caso práctico: Victoria Salata, 2da triatleta age group en el 70.3 Pucón, 2026

 

Los resultados que se presentan corresponden al seguimiento de Victoria, triatleta de larga distancia, a partir de sus tres participaciones consecutivas en el Ironman 70.3 Pucón, constituyendo un ejemplo concreto de cómo el VO₂max y los umbrales ventilatorios pueden traducirse en decisiones reales de entrenamiento y salud.

Evaluada de manera consistente mediante protocolos progresivos, equipamiento validado y criterios fisiológicos claros, Victoria mostró a lo largo de los años una mejora sostenida del rendimiento externo con un menor costo interno: en carrera pasó de sostener un ritmo de 5:03 min/km con 166 lpm a 4:19 min/km con 153 lpm, y en ciclismo de 32,7 km/h con 163 lpm a 35 km/h con 148 lpm. Estos cambios no se explican únicamente por un eventual aumento del VO₂max, sino principalmente por un desplazamiento de sus umbrales ventilatorios (VT1 y VT2) hacia intensidades más altas, lo que le permite hoy entrenar y competir a mayores velocidades trabajando a un menor porcentaje de su capacidad máxima, con menor estrés cardiovascular y metabólico. 

Este caso ilustra de forma clara cómo una evaluación técnicamente válida, correctamente interpretada y comunicada en lenguaje sencillo —por ejemplo, explicando que sus “zonas cómodas y exigentes” ahora ocurren a ritmos más rápidos— transforma datos fisiológicos complejos en decisiones prácticas de entrenamiento, optimizando el rendimiento y reduciendo el riesgo de sobrecarga tanto en contextos deportivos como de salud.