Entrenar la respiración: potencia inspiratoria, rendimiento y longevidad
Los beneficios de la respiración
En los deportes de resistencia como triatlón, ciclismo, running o trail, cada detalle cuenta cuando el objetivo es sostener el rendimiento en el tiempo. Este artículo se orienta a kinesiólogos/as, médicos/as del deporte, entrenadores/as— que buscan una herramienta simple, medible y progresable para mejorar la tolerancia al esfuerzo, reducir la disnea y sostener la continuidad del entrenamiento o la rehabilitación. Para investigadores, además, ofrece un marco aplicable de intervención y seguimiento.
En deportes de resistencia —y también en la clínica— la respiración suele tratarse como un “fondo permanente”: está ahí, acompaña el esfuerzo, y solo se vuelve protagonista cuando “falta el aire”. Sin embargo, respirar no es solo un reflejo automático; es un sistema entrenable, modulable y con impacto real en el rendimiento y la salud a largo plazo. En particular, la potencia inspiratoria (capacidad de generar presión y flujo durante la inspiración) se ha consolidado como una vía de intervención con efectos medibles: puede mejorar la tolerancia al esfuerzo, reducir la percepción de fatiga y contribuir a una vida más funcional y resiliente.
La inspiración es trabajo muscular. El diafragma es el motor principal, asistido por intercostales y musculatura accesoria cuando la intensidad sube. En ejercicio exigente, el costo energético de ventilar aumenta y el sistema respiratorio compite por recursos con la musculatura locomotora. Cuando los músculos inspiratorios se fatigan, pueden gatillar respuestas autonómicas que incrementan la carga simpática y alteran la distribución del flujo sanguíneo, elevando la sensación de disnea y “robando” margen de rendimiento. En campo esto se reconoce fácil: la técnica se sostiene mientras la respiración se mantiene “barata”; cuando respirar se vuelve caro, aparece el colapso de la economía.
Aquí la potencia inspiratoria se vuelve estratégica. Mejorarla no significa “respirar más”, sino respirar con menor costo relativo, retrasando la fatiga ventilatoria y estabilizando el patrón respiratorio en intensidades cercanas a umbrales. En deportistas, esto puede traducirse en sostener ritmos con menor “ruido interno”, mayor tolerancia al trabajo continuo o intervalado, y mejor control postural y patrón motor bajo estrés. En salud, el objetivo puede ser aún más esencial: disminuir disnea en actividades diarias, mejorar tolerancia al ejercicio, reducir el miedo al esfuerzo y sostener continuidad terapéutica.
IMT: entrenar la inspiración como entrenas la fuerza

Imagen extraida de la web de Doctor’s Choice
Un método directo para desarrollar potencia inspiratoria es el entrenamiento de músculos inspiratorios (IMT) con dispositivos de carga resistiva o tipo umbral. Su valor práctico está en que permite dosificar un estímulo específico (igual que en fuerza) y progresarlo en el tiempo.
Punto importante (y motivo de confusión frecuente): no cualquier dispositivo resistivo sirve igual. En IMT, la calidad del estímulo depende de la capacidad de aplicar una carga estable, progresable y reproducible. Por eso, más que “cualquier tubo con resistencia”, conviene buscar equipos con características como:

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a) Amplio rango de resistencias (para progresión real, desde principiantes a avanzados).
b) Resistencia consistente y repetible (que no dependa tanto de “cómo soplo hoy”).
c) Diseño ergonómico y durable (uso diario, fácil limpieza, boquilla cómoda).
d) Opciones según nivel/objetivo (fuerza, potencia, resistencia inspiratoria).
e) Idealmente, validación/estandarización del comportamiento de la carga (especialmente si se va a trabajar en clínica, investigación o alto rendimiento).
En Chile, Dr’s choice dispone de soluciones que se alinean bien con esta lógica. Por ejemplo, equipos tipo POWERbreathe IMT permiten trabajar con cargas ajustables y enfocarse en fortalecimiento inspiratorio. Y cuando el objetivo es entrenar con datos, el ecosistema se vuelve más interesante: dispositivos electrónicos y accesorios de conexión (p. ej., Smart Adaptor según disponibilidad) facilitan registrar sesiones, monitorear progresión y objetivar variables relevantes.
Entrenar con datos

Imagen extraida de la web de Doctor’s Choice
Para un atleta (y para un clínico), la diferencia entre “hacer IMT” y “mejorar con IMT” está en el seguimiento. La integración con herramientas de medición permite:
a) Estimar un valor basal de referencia (MIP o índice equivalente).
b) Dosificar la carga (porcentaje relativo del valor basal).
c) Ver progreso semanal (sube la fuerza/potencia inspiratoria, baja el RPE respiratorio).
d) Identificar si el estímulo es insuficiente, excesivo o inconsistente.
En el ecosistema Dr’s choice, se describe el uso de medidores electrónicos POWERbreathe (p. ej., KH2) con visualización de métricas de la sesión (carga media, fuerza, resistencia, volumen inhalado) mediante software asociado. Además, la lógica de “datos + reevaluación” gana más valor cuando se integra con evaluación cardiorrespiratoria: sistemas como CORTEX21 (ergoespirometría estacionaria/móvil, con registro en campo) abren una vía profesional muy potente: entrenar respiración como intervención con diagnóstico y reevaluación (eficiencia ventilatoria, respuesta a umbrales, percepción de disnea y cambios submáximos relevantes).
Si soy deportista: ¿cómo parto hoy?
Si tu objetivo es sentirte menos ahogado/a en submáximos, mejorar tolerancia cerca de umbral o llegar con “respiración más barata” a sesiones clave, puedes empezar con una regla simple:
1. Evalúa un basal (MIP/S-Index si tienes dispositivo; si no, usa una resistencia que te permita completar el set con buena técnica).
2. Entrena corto, frecuente y progresable (mejor 8–12 min casi diario que una sesión larga semanal).
3. Monitorea una señal simple: RPE respiratorio (0–10) en una sesión estándar repetible.
Estudio de caso aplicado: protocolo IMT de 6 semanas
Este estudio de caso propone un protocolo de IMT de 6 semanas aplicable a entrenadores y profesionales de la salud. Está orientado a un perfil común: triatleta amateur o paciente activo con disnea desproporcionada en intensidades submáximas, RPE respiratorio elevado en intervalos o sensación de “quedarse sin aire” antes que fatiga muscular. El objetivo clínico-deportivo es aumentar fuerza/potencia inspiratoria, reducir disnea y RPE respiratorio, y mejorar la tolerancia al trabajo cercano a umbral.

Imagen extraida de la web de Doctor’s Choice
Evaluación basal (Semana 0): medir MIP o S-Index (idealmente con un dispositivo electrónico si se dispone), registrar RPE respiratorio (0–10) en una sesión estándar reproducible y, cuando sea posible, complementar con CPET/ergoespirometría para observar eficiencia ventilatoria y comportamiento submáximo.
Dosificación general (adherencia primero): 5–6 días/semana, 8–12 min/día, con 1 sesión diaria o, opcionalmente, 2 sesiones en días alternos. Control de seguridad: ante mareo/hiperventilación, pausar, reiniciar con respiración nasal suave y evitar IMT inmediatamente postprandial.
Semanas 1–2 (técnica y adaptación neuromuscular): 40–50% MIP, 30 respiraciones/día. Importante: inspiración potente y controlada, espiración pasiva sin forzar.
Semanas 3–4 (fuerza específica): 55–65% MIP, 2×30 respiraciones/día separadas 4–6 h, 5 días/semana, progresando ~5% si el volumen se completa con RPE ≤6/10. Ubicar IMT lejos de sesiones intensas.
Semana 5 (potencia/tolerancia): 65–75% MIP, 30 respiraciones/día + 1 día “potencia” 6×6 con pausas 30–45 s.
Semana 6 (consolidación y transferencia): 60–70% MIP, 2×30 en 4–5 días, con ligera descarga y repetición de la sesión estándar.
Reevaluación final: repetir MIP/S-Index y métricas funcionales; con CPET, buscar cambios submáximos pertinentes.
Invitación

Imagen extraida de la web de Doctor’s Choice
Si eres atleta, la invitación es simple: entrena la respiración como entrenas la fuerza—con dosis, progresión y medición.
Si eres kinesiólogo/a o preparador/a físico, incorpóralo como una intervención breve pero potente dentro del proceso: evalúa, prescribe, monitorea y reevalúa.
En ambos casos, el objetivo no es “respirar más”, sino respirar mejor: con menor costo, más control y más continuidad. Y esa continuidad, al final, es una forma concreta de rendimiento… y de longevidad.
Referencias
1. Rożek-Piechura K, et al. Influence of Inspiratory Muscle Training of Various Intensities… (2020).
2. Xavier DM, et al. The effectiveness of respiratory muscular training in athletes (review, 2025).
3. Tran DH, et al. The Effects of Inspiratory Muscle Training… (meta-analysis, 2025).
4. McConnell AK. CrossTalk opposing view: Respiratory muscle training… (2012).
5. Doctor’s Choice. Válvula de entrenamiento muscular inspiratorio IMT POWERbreathe (ficha producto).
6. Doctor’s Choice. Pimómetro electrónico KH2 POWERbreathe (ficha producto / especificaciones).
7. Dr’s Choice. CORTEX21 Ergoespirometría estacionaria y móvil (descripción)
